Con esta celebración eucarística el candidato es aceptado públicamente por el Obispo, para prepararse al sacerdocio, en el rito del Admissio. La celebración se realiza en las parroquias con la presencia de los hermanos de las comunidades donde hacen el camino. El vestido negro que usarán después del rito, les recuerda que están muertos para el mundo, y su dedicación exclusiva a partir de ahora será preparar la llegada del “Reino de los Cielos” a los hombres.
De esta manera, los admitidos quedan llamados, a perpetuar aquella misión salvífica que Cristo vino a realizar en el mundo. Cuando llegue, pues, el momento oportuno, serán ya aptos para servir a la Iglesia y cuidarán de edificar, mediante la palabra de Dios y los sacramentos, aquellas comunidades cristianas a las que serán enviados. |
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