Tierra Santa y Roma son dos pilares fundamentales que nos conectan con la tradición y catolicidad de la Iglesia. Se esta procurando desde el seminario, que nuestros presbíteros puedan peregrinar a Tierra Santa (llamada 5to evangelio por lo evocador y sugestivo), pues nos conecta con la Sagrada Escritura y las raíces de Jesús. Roma, la ciudad eterna, Pedro y Pablo, la institución y el carisma han derramado su sangre allí.
En estos años de atrás ya han ido dos grupos grandes de presbíteros, a su regreso de Tierra Santa han celebrado la eucaristía con el Papa en su capilla privada.
La visita a los santos lugares de la vida terrena del Redentor introduce, lógicamente, en los lugares que fueron significativos para la Iglesia naciente y conocieron el empuje misionero de la primera comunidad cristiana.
Ir con espíritu de oración de un lugar a otro, de una a otra ciudad, en el espacio particularmente marcado por la intervención de Dios, no solamente nos ayuda a vivir la vida como un camino; también nos presenta plásticamente la idea de un Dios que nos ha anticipado y nos precede, que se ha puesto él mismo en camino por las sendas de los hombres, que no nos mira desde lo alto, sino que se ha hecho nuestro compañero de viaje.
La peregrinación a los santos lugares se convierte así en una experiencia extraordinariamente significativa, evocada en cierto modo por cualquier otra peregrinación. En efecto, la Iglesia no puede olvidar sus raíces; más aún, debe volver a ellas continuamente para mantenerse fiel al designio de Dios.
|