"No descuides el carisma que hay en ti, que se te comunicó por intervención profética mediante la imposición de las manos del colegio de presbíteros" (1Tm 4,14).
El ministerio presbiteral ha sido creado para que en cada instante de la historia humana la acción salvífica de Dios en Cristo pueda alcanzar al hombre como algo sensible” (Presbiterorum Ordinis #2)
Después de un tiempo largo vivido preparándose intelectualmente, involucrado en las varias actividades misioneras y después de haber recibido los ministerios del lectorado y del acolitado y la ordenación diaconal, el candidato llega a la cumbre del proceso formativo del seminario.
La imposición de manos de parte del obispo, le permite actuar “in persona Christi” administrando los sacramentos instituidos por el Señor, fortaleciendo la fe del pueblo de Dios y entregarse en la misión como lo hizo el mismo Cristo en la cruz obedeciendo totalmente a la voluntad del Padre.
El ministerio presbiteral es de suma urgencia en esta época marcada por la perdida de valores y de la dignidad humana, en la cual el presbítero deben tener siempre presente la grandeza de su vocación, para desempeñar con fidelidad y competencia su ministerio pastoral y misionero, no olvidándose nunca de la exhortación que S. Pablo hace a Timoteo:
“Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú en cambio, pórtate en todo con prudencia, soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu ministerio.”(2Tm 4,2-5)
 |