El hombre sumergido en la tristeza se encuentra en un mundo cada vez más gris y pragmático, el hombre ha olvidado su trascendencia se considera un ser puramente inmanente, y en esa nueva configuración de su ser, es necesario que aparezca una nueva estética que sea capaz de recordarle que existe algo más allá de lo puramente tangible, la belleza tiene la capacidad de asombrarle y transportarle hacia una dimensión más allá de lo puramente físico. La belleza tiene la capacidad de recordarle que Dios existe.

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